Tribuna

Las paradojas de Séneca

Al reparar en su envidiable vigencia a través de nuestra historia; sea en el Medievo donde no solo rozó la santidad sino hasta fue espejo de naturalistas, o sea ya durante su apogeo en el Renacimiento y aun en su permanente magisterio posterior, desde la Ilustración hasta nuestros días, me pasma el asombro, porque quizá no hallaremos entre los grandes nombres de nuestra cultura un hipócrita tan consumado como Lucio Aneo Séneca,

Terencio y la discreción burguesa

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El avaro, el fanfarrón y otros sujetos de su alrededor

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Las herencias de Menandro

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La olvidada Lisístrata

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Hécuba en Kabul

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